jueves, 22 de abril de 2010

El tiempo y su marcha

ARTÍCULO SEMANAL.

Lunes 22 de Abril del 2013.

El tiempo y su marcha.


Conservo en mi memoria una imagen de mi niñez a la que puedo acceder fácilmente, cuando miro en retrospectiva mi propia vida. Estoy de pie y mi mamá a mi lado, mientras con mi brazo derecho extendido y extendiendo de igual manera tres deditos, contesto: ¨Tres. ¨ 

Mi madre acababa de preguntarme cuántos años yo tenía y si yo era capaz de bañarme por mi cuenta. Y sí, acepté el reto. Otra escena de años después, es una en la que veo y escucho a mi mamá responderle a otra señora, que ella tenía 37 años. 

Y el tiempo continúa, y este pasado sábado celebraba junto con mis hermanos y familiares, el septuagésimo aniversario del natalicio de mi madre. Siete décadas que Dios le ha concedido.

Cuando pienso en el paso del tiempo, cuando lo hago con detenimiento, me admiro en esa realidad. El tiempo es intangible, incorpóreo, pero ineludiblemente notable y medible.  

Me parecen interesantes las distintas maneras en cómo evaluamos su paso. Si tuviéramos que esperar un año por una temporada buena que también fuera a durar un año, nos parecería demasiado tiempo el que tuviéramos que esperar; una vez llegara, miraríamos felizmente a los 12 meses de ventura que anticiparíamos disfrutar ya que nos parecerían suficiente, y transcurrido ese año y cesando esa época favorable, cambiaríamos de parecer y diríamos que ese tiempo fue demasiado corto.

Los que cumplen sentencias largas en prisiones, cuentan el paso del tiempo por meses y no por años, ya que lo miden desde su propia incómoda situación. Prefieren contar de la manera en que les parezca que el tiempo pasa más rápido. Un preso sentenciado a 3 años, por ejemplo, en su evaluación, sentiría que 36 meses transcurren más rápido que 3 años. Y así miden el tiempo que dure su condena. Por lógica, quieren que el tiempo se apresure.

Una joven mujer de 25 años, que tal vez siente cierto pavor en llegar a los 30, no contaría el tiempo restante en meses. No quiere experimentar que el tiempo corra. Mas bien repetiría a sí misma- ¨Me quedan cinco largos años aún. ¨- Ésta preferiría que el tiempo se detuviera.

Unos lo miran como muy poco y otros como mucho, el tiempo transcurrido o el que aún parece que tenemos disponible. Cuando se piensa que es muy poco, se corre con el deber, cuando se piensa que es abundante, se echa uno a dormir. Y claro, estas actitudes pueden representar los dos extremos. 

Una muy conocida expresión, alzada en tono de combate es: Estoy en carrera contra el tiempo.

Nadie en cordura, enseñaría que el tiempo es un estado mental. Está. Transcurre. Pudiéramos desaparecer todos lo aparatos o medios de hechura humana que se usan para medir, registrar o anotar el paso del tiempo y eso no afectaría en nada a su progresión. No es imprudente medirlo, obviamente. De hecho, desde el comienzo de la creación Dios quiso que el humano se fijara en su paso, y lo indica una declaración que Él hizo al crear los cuerpos celestes:  

Dijo luego Dios: Haya lumbreras en la expansión de los cielos para separar el día de la noche; y sirvan de señales para las estaciones, para días y años... Génesis 1:14 (Biblia)

Del creador del tiempo, sabemos que es Eterno. El tiempo se sujeta a Él. Es entre nosotros que tenemos conflictos con el tiempo, desde que Adán y Eva pecaron. No lo aprovechamos cuando siendo tiempo de siega, hacemos como la cigarra del cuento, que únicamente se pasaba tocando su violín, mientras las hormigas se abastecían para el invierno. No lo disfrutamos cuando vivimos en continuo afán, y despertamos un día con la realidad de que por andar tan afanados, no supimos apreciar y administrar mejor el regalo del tiempo. En las manos de Dios, tenemos un mejor manejo de el y obtenemos aprobados resultados.

Cuando leemos o escuchamos de cuánto viven otras criaturas de la tierra, apreciamos un poco más nuestra duración o el tiempo que se nos concede de existencia terrena. Algunos pudieran concluir que hay animales a los que no se les dio suficiente tiempo, desde la caída del hombre, y que a otros se les dio demasiado. Sin embargo, estas criaturas inferiores al hombre, cumplen su cometido en el tiempo dado; completan su ¨rol¨. 

Por ejemplo, la abeja obrera dura alrededor de un año y en su existencia contribuye con el hombre al elaborar la apreciada miel. Esa es su misión y en un año la vive plenamente.

De entre los animales en la tierra, el más longevo es un reptil, y es uno que al moverse por el suelo, se ¨toma tiempo¨ con sus lentos pasos: la tortuga. La de las islas Galápagos dura entre 190 a 200 años. Años humanos. La tortuga americana dura alrededor de 125 años.

Al lado de la abeja, en comparación de años, nos sentimos privilegiados, pero al lado de la tortuga, habrá quién pudiera sentirse resentido. Lea reflexivamente esta lista de algunos animales en su longevidad y otros en su brevedad de existencia.
     

Si nos asombra la duración de casi dos siglos, de una de las especies de la tortuga, sorprende mucho más lo poco que dura en su etapa adulta, la Efímera, o como se le conoce también, la Cachipolla. Sólo un día.

Para ese insecto, el tiempo que le dieron para su etapa adulta es suficiente. Come, vuela, descansa, aparea y muere, dentro de un espacio de 24 horas.

No están conscientes de la brevedad de su existencia. No necesitan estarlo. Simplemente la viven.


Nosotros, que no somos animales, sino creación especial, sí estamos conscientes del tiempo con el que contamos en la tierra, y no debiera ser para correr, tampoco para dormir debajo de cada enebro, pero para agradecer a Dios e inquirir con Él sobre su plan en particular con uno, en el lugar en el que uno vive. El tiempo es precioso; saber vivirlo es valioso.

Un hombre del que se dice tuvo buena vejez, por su longevidad y por el vigor que tuvo hasta el día de su muerte (duró 120 años), hizo una importante petición. Fue esta: 

Enséñanos de tal modo a contar nuestros días, que traigamos al corazón sabiduría.  
                                              Salmo 90:12 (Biblia)

La marcha del tiempo no cesa, no hace un alto, pero nosotros que todavía vivimos, podemos hacer un alto y buscar la manera de vivir sabiamente y de manera productiva los años que nos han concedido bajo el sol. Se puede y se debe aprender a contar los días. No como el preso, ni como la joven preocupada, sino como los que acuden en sincera búsqueda de dirección, al que instaló y afina los relojes del Universo... Dios.

Nuestro paso por esta tierra es relativamente breve, pero hay promesas, promesas que Él ha hecho para todos los que han creído en su hijo Jesucristo. Promesas que se extienden por encima de los péndulos del tiempo y que al fin con Él, nos harán partícipes de la eternidad.



M. Erskine Rivera
   Abril 2013

Copyright 2013 M. Erskine


3 Comentaron...¿te animas? :

Rossy Betancourt dijo...

Amen,,, gtacias a Dios por esas promezas que son las que harian nuestra vida mas confortable es como la cereza del pastel , o lo que adorna y provoca sonrrizas en los caminos denzos. Gracias a esto la vida es mas bella. Gracias hno Erskine hermosa reflexion.

Erskine dijo...

Un honor, Rosy, servir. Gracias por tu paso.

Anónimo dijo...

Hermosa reflexión sobre el tiempo, el verso biblico muy de acuerdo a lo que deberiamos hacer, como bien dices:

"Podemos hacer un alto y buscar la manera de vivir sabiamente y de manera productiva los años que nos han concedido bajo el sol."

Y en la perspectiva de los que servimos al Dios que dispuso tiempo y espacio, seamos en Él diligentes en el trabajo de su obra, ¡hay tanto por hacer!, pero en lo que nos toca hacer a nosotros haya prontitud, disposición, amor, mirando al que está en la eternidad y esperando de Él esa sabiduria que desciende de lo alto y presentarnos ante Él en ese día glorioso como siervos inutiles, porque hicimos lo que nos mandó.

Dios te bendiga más Erskine y añada el Dios del cielo esa sabiduria para que tu tiempo en la tierra sea una experiencia hermosa en el Servicio de tu Señor y Salvador Jesucristo.

Tu vida puede ser la única Biblia que muchos lean. :)